Hay días en los que te levantas por la mañana sin saber las magníficas sorpresas con las que te vas a ir topando a lo largo de las horas. Inocente, tomas el primer café con los ojos entreabiertos, nunca entrecerrados, y la mente adormecida. Saboreas tu tostada con mermelada casera, te duchas, te vistes y caminas hasta el instituto. Estudias, te ríes con los compañeros, te ríes un poco más, y sigues estudiando hasta que el reloj dice que no más. Y entonces sales, vuelves a caminar, y empieza EL DÍA. Ahora sí, de verdad.Te pasa de todo, la tarde más corta en tú vida por lo vivido y la que querrás recordar toda tu vida, pero luego, llega la noche. Noches de insomnio y mañanas de café. Momento de recordar las vueltas nerviosas en la cama, los pros y los contras de esas tardes. Y de levantarse de un salto y meterse bajo la ducha. Sensación espectacular la de estar, desnuda y mojada, sin saber el por qué de la agitación y la inquietud de la noche anterior. Pero luego te das cuenta de que tienes dieciséis años que la vida pasa y cambia, que lo que el año pasado tu pensabas que era imposible, poco a poco se va convirtiendo en realidad, y que un día, sin que te lo esperes, a cualquier hora, tu deseo se va a cumplir ese que llevas años deseando en los cumpleaños, cuando explotas una bolsa de gominolas, cuando le das la vuelta al primer cigarrillo de tu cajeta de tabaco, y lo sueñas día a día, sueñas con ese momento, pensaras como será y poco a poco te lo imaginas hasta que te quedas dormida y lo sueñas, esos sueños que no quieres que terminen nunca, y que la mala de la historia desaparezca sin dejar rastro, para que los protagonistas del cuento ''sean felices y coman perdices''. Pero despiertas y te das cuenta que la mala sigue ahí, quieta y sin intención de moverse, y ahí, te levantas de la cama, te miras al espejo y dices: YO TAMBIÉN VOY A LUCHAR.
Recuerda; si te enamoras de dos personas quédate con la segunda , porque si realmente quisieras a la primera no te hubieras fijado nunca en la segunda.









